Cuando un Hunter se convierte en cupido para asegurar la relación laboral

Hace aproximadamente 15 años que inicié en este mundo maravilloso, un mundo complejo, pero de grandes satisfacciones. No es un trabajo fácil, requiere de tiempo, investigación, honestidad y sobre todo transparencia. Muchas veces me pregunto qué tan certera puedo ser al lanzar la flecha de complicidad entre dos personas: algunos de ellos se buscan y necesitan desesperados para crear un fuerte lazo de confianza; otros, por el contrario, no saben que se están buscando.

Yo me autodenomino “La Cupido”, pero no ese tipo de cupido que estamos acostumbrados a escuchar, sino a ese cupido que puede unir a dos personas en uno de los aspectos que los acompañará a lo largo de su vida, y de su día a día: su vida laboral.

Puede sonar muy gracioso el tratar de compararme con este pequeñito ser (orgullosa de mi metro cincuenta jaja) que anda con sus alas y flecha de lado a lado esperando a qué personas enamorar. Pero si me autodenomino así, no es porque tuve un sueño y desperté con una revelación, sino porque las búsquedas que hago y las personas con las que me encuentro en el camino tienen un solo objetivo: trabajar juntos para toda la vida.

Cuando estoy frente a un cliente o candidato, lo primero que tengo en claro es nunca sobrevender la posición, sino mostrar siempre la realidad para que ambos conozcan a qué se van a enfrentar, y cuáles son los retos que pueden encontrar con el paso del tiempo: debilidades, conocimientos, aptitudes y actitudes; y dar a conocer el talento que cada uno tiene. Esto es lo esencial.

Para mí, el éxito de toda búsqueda esta en la confianza que una persona puede transmitir. El cliente y el candidato deben llegar a confiar en lo que tú estás diciendo. Si existe desconfianza, se rompe definitivamente el vínculo para que las cosas puedan fluir adecuadamente. Por ello, entender el perfil de las personas que deseas “enamorar” es fundamental para poder “lanzar la flecha”.

Cada búsqueda que emprendo es un reto. No es fácil encontrar a un ejecutivo y ofrecerle un nuevo puesto de trabajo. Tampoco es fácil encontrar a la persona adecuada para la posición. Aquí empieza mi arduo trabajo de investigación, porque siempre hay que estar segura que es la mejor opción, para ambos. Y lanzada la flecha, siempre verifico si el “enamoramiento” dio resultado.

Pero ¿dónde queda la satisfacción de ser cupido?

La satisfacción es llegar a un cliente y que reconozca que hace 7 años le buscaste el reemplazo de un puesto clave y que esa persona es un líder en la organización, un referente. Esto me demuestra que mi labor no es en vano, que las relaciones duraderas sí son posibles.

Y mientras lees esto, de repente ya estoy lanzando mi siguiente flecha.

Seguiré “enamorando” y creando relaciones duraderas.

Fabiola Miranda.

Gerente de Consultoria

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